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miércoles, 23 de febrero de 2022
lunes, 27 de septiembre de 2021
¿Qué hice en mi vida?
Muchas veces escuché y vi personas que, al llegar a su vejez, pensaron profundamente, por muchos y muchos días, con nostalgia, también con tristeza, en el camino que recorrieron en su vida. También vi lo mismo en otros después que su salud quedó quebrada definitivamente.
Siempre me
pregunté por qué, cuando el Sol se está poniendo en el horizonte es cuando
recién nos damos cuenta que el día termina y que quizás no fuimos capaces de
disfrutarlo y agradecerlo.
He comprobado que
la vida puede mirarse desde puntos de vista muy distintos, de un momento a otro
sin que pase nada en el mundo que nos rodea, podemos ver una situación desde
una perspectiva muy distinta, tan sólo porque cambió nuestro estado emocional,
o porque nuestra conciencia cambió su enfoque.
Así una vida
puede verse por los fracasos sucedidos como también por los éxitos logrados.
En la perspectiva
de ver mi propio pasado, puedo pensar haber tenido una vida sin gracia, con
pocas alegrías, sin suficientes victorias, con pocas metas logradas… O también una
vida llena de dones recibidos y muchos momentos de alegrías. Es como decía, un
punto de vista, ver el medio vaso lleno o el medio vaso vacío.
Sea como sea, la
misma vida, la misma experiencia, no se ve igual en su mismo momento que muchos
años después. Una relación que se quebró en su momento pudo parecer algo
terrible, pasado el tiempo aceptar que así fue mejor, pues la relación ya no
era buena para ninguna de las partes. Un trabajo que se perdió, dio paso a un
nuevo camino, que seguramente no nos animábamos a emprender, y al mismo tiempo trajo
enseñanzas que eran necesarias para nuestra Alma.
Hoy puedo ver
todo lo hecho o lo que nunca fui capaz de hacer. Hoy también veo, todo aquello
a lo cual me aferré por miedo al cambio, por miedo a lo desconocido, miedo que
lo que pudiera llegar fuera peor, sin dar la oportunidad a que eso nuevo fuese
mucho mejor.
Me he dado cuenta
que las experiencias pesan de una manera en la mitad de la vida, y muy
distintas se valorarán cuando como yo, que ya he pasado mis sesenta años.
Recuerdo esa
expresión, “pararse sobre una cima y mirar atrás”, y así evaluar la vida que he
pasado, juzgarme a mí mismo y por lo tanto sentirme bien o mal según mi propio
juicio personal. Claro, también puedo mirar de la misma manera sentado mirando
el atardecer o en mi cama a la hora de dormir. Ojalá muchas más veces me
detuviera a mirar mi camino recorrido, pero desde la perspectiva de mi
Espíritu.
He observado como
durante gran parte de mi vida, di mucho valor a vivir bien, disfrutar y pasar
lo mejor posible en aquellos lejanos tiempos, pero hoy día veo que quizás esa
búsqueda de pasarla bien, fue un error. El error de no haber ayudado más a
quienes pude ayudar sólo por mantenerme en la postura de la comodidad. El error
de no haber hablado de cosas importantes con seres queridos que ya se fueron.
Hace muchos años
me dije ¿cómo es eso?, ¿disfrutar esta vida, es un error? No, pero tampoco debe
ser ese el eje o el foco en la vida.
Caí en el error
que nuestra propia sociedad nos empuja, a triunfar, a buscar ser el mejor, en
fin, para que luego de pasados muchos años me diera cuenta que, todo eso es
vano. La competencia nos lleva a separarnos cada vez más de quienes nos rodean
y lo peor al mismo tiempo nos alejamos de nuestra propia esencia.
Competir es
innecesario y al mismo tiempo malo para las relaciones. Competir es
interminable, pues las competencias no cesarán nunca y lo peor es que siempre
será por cosas vanas, cosas que el tiempo desvanece rápidamente.
El primero de
hoy, mañana dejará de serlo, el mejor de todos, también dejará de serlo. Y,
además, ¿qué importa ser el mejor? Importa sólo para el Ego, no importa para el
Espíritu que mira desde la Eternidad, y que ve que haber querido ser el mejor
fue un dejar pasar la oportunidad de colaborar con los otros.
La sociedad en la
que vivimos nos empuja a competir, y lo más paradójico es que muchos que logran
tener éxito, que por ejemplo llegaron a la posición que aspiraban en su
trabajo, y que para ello tuvieron que perjudicar a otros para lograrlo, días
después que logró ese lugar, ese mismo logro trajo un estado de angustia que no
es nada fácil superar, que la soledad que trajo pesa demasiado y para colmo de
todo, el mismo logro dejó de tener significado, pero ya no se puede volver
atrás.
Debemos tener muy
presente que todo aquello que hacemos nos vuelve, si hacemos mal a otros
pensando sacar una ganancia, esa ganancia tendrá algún costo elevado en nuestra
vida. Si hacemos nuestro esfuerzo por ayudar a otros, aunque no se vea esa
ayuda, la ayuda hacia nosotros en cualquier otro plano llegará.
Tengo el
convencimiento que todo depende de la Fe que tenemos.
Si una persona no
tiene Fe, vive convencido que, dado que al morir todo se termina para él,
entonces vivirá de manera de pasarla lo mejor posible en todo momento. Claro a
medida que se acerque a la vejez su disfrute irá atenuándose paso a paso y sin
remedio.
Y así comenzará
en algún momento de su madurez a convivir con tristeza, con nostalgia, con un
sentimiento de que algo no estaba tan bien en su vida. Que por esa vida que
eligió nunca vivió o disfrutó de una Paz interior. Vivió siempre queriendo alcanzar algo que
jamás tendría.
Una vida con
objetivos errados, que sólo dieron estrés. Es muy común que muchos viven sin
pensar en su madurez y su vejez, evitaron pensar en ella y entonces dado que la
vejez llega siempre, vivirá bajo una constante angustia de no ser capaz de
encontrar valor a nada por todo aquello que durante tanto tiempo valoró y que
además ya su cuerpo no le permite disfrutar como antes y ya nunca más será así.
Por más que uno
se mire en el espejo y diga tengo 53 años, pero me veo como si tuviera 45, ¿de
qué sirve pensar así? ¿Vivir así? ¿De qué sirve a una persona haber sido el
mejor hace 20 años? ¿Acaso justifica el precio de una ventaja temporal vivir
lejos de todos?
Por otro lado,
aquellos que, si tienen Fe, quizás comienzan a angustiarse por la culpa de
haber actuado egoístamente en su vida y crece el miedo que quizás no tengan
suficiente tiempo para redimirse con el Gran Creador, que quizás no puedan
alcanzar el perdón divino.
El peor juez es
uno mismo.
Nunca es tarde
para tomar la decisión correcta.
A veces es
necesario que ocurran cosas duras para que la gente cambie su vida. Aferrarse
al camino errado lleva siempre al quiebre, al dolor.
No tenemos que
llegar al punto de sufrir un gran dolor para aceptar obligados por fin cambiar.
Y si no
sabemos qué hacer o cómo, tan sólo aceptar soltar nuestra terquedad y pedir
ayuda a los ángeles, y para hacerlo cualquier palabra es suficiente.
Me sucedió tiempo
atrás que cada vez que recomenzaba un período de plegarias diarias, comenzaba
una etapa de muchas oraciones, pero lamentablemente esos días estaban
acompañados por una pesada carga, poca paciencia y poca Fe. Entonces, pasado un
tiempo renegué de todo eso pues no veía llegar la ayuda que yo pedía.
Veo hoy, que
muchos de esos días durante mis plegarias caí en el error de prestar atención
al peor juez, mi Ego, o también la parte oscura de mí mismo, esa parte negativa
de mi ser que constantemente me distrajo o insistía que nada lograría pues yo
tenía un pasado nada aceptable que impedía que mis plegarias ni siquiera fueran
escuchadas.
Otras veces en
una forma más simple, me acusaba a mí mismo que la ayuda, tan necesaria a mi
forma de ver… no llegaba pues yo no lo merecía.
Entonces pedí
comprender y eso tampoco se cumplió.
Muchas veces no
fui capaz de seguir adelante en mi camino espiritual, muchas veces no fui capaz
de continuar con mis plegarias diarias, esos días mi Ego venció.
Quien no se ha
preguntado ¿Quién soy yo? ¿Qué busco?
¿Me sirve de algo insistir en mis plegarias? ¿Cuál era la respuesta a esas
preguntas frente a mi altar?
¿Quién soy yo? ¿El creyente que reza cada día en mi altar o
el monstruoso camaleón que constantemente molesta durante mis rezos, durante mi
diario vivir, que acusa, critica, se queja, reclama y se lamenta? Pues, en fin,
esa parte oscura de mí, tiene muchas las caras y ha sido siempre un rival
difícil de mantener alejado o callado.
¿Quién soy yo
entonces?, ¿El tenaz creyente que reza a pesar de la desagradable compañía en
mi interior?, ¿Soy el monstruo? ¿soy ambos? ¿No soy ninguno?
Aun hoy, después
de tanto tiempo, no puedo parar de escuchar todas las voces que me dicen que
soy malo, que me equivoqué tantas veces y que, continuaré equivocándome, que seguiré
echando a perder mis oportunidades, que continuaré haciendo las cosas mal y
continuaré arruinando mi vida y mis relaciones.
Pero aun… cuando
toda mi meditación tambalea… logro de alguna manera enfocarme y darme cuenta
que esa voz no soy Yo… es mi Ego que lucha contra mi Voluntad de superarme. El
mismo Ego que, una y otra vez ha provocado todos mis errores, o sea esa misma
parte oscura de mí, que provocó tantos errores en mi pasado, ese mismo que
busca siempre bloquear mis plegarias.
Desesperado
muchas veces pensé, no entiendo por qué no puedo simplemente parar de escuchar
esas voces, no entiendo por qué me odio tanto. ¿Por qué no soy capaz de
doblegar a mi Ego?
¿Por qué pido lo
que pido en mis oraciones? ¿Para evitar el dolor? ¿para vivir mejor? ¿para que
mi vida y mi camino sea más fácil? No, pues quien pediría eso sería mi Ego, porque
además el Ego no estará nunca interesado en rezar, solo le interesa pasarla
bien y hacer lo que quiere egoístamente.
Hay una parte de
mí que está en medio de esos oponentes, una parte que tanto el Ego como mi Alma
luchan por llevar a su camino, sea esta, a mi entender mi Conciencia.
Muchas veces ese
enemigo interior me repite una y otra vez ¿En qué momento del día veo o siento
como concedido lo que pido en mis plegarias?
También me dice,
¿acaso actúas durante el día tal cual lo que rezas, o al volver al mundo cotidiano
te olvidas de todo?
Estando mi
conciencia sufriendo así, me he preguntado ¿Cuándo, en qué momento lograré no
volver a caer en las tentaciones de mi Ego?
Comprendo que no
soy sólo Espíritu, no puedo negar la existencia de mi Ego, ni tampoco negar su
influencia ni su poder hasta hoy imbatible.
En esa lucha
puedo decir que felizmente hoy, por fin, he avanzado, pues los cuestionamientos
de mi Ego durante mis oraciones a pesar de seguir presentes, quedan de lado. Y
aunque insista en molestar, cada vez que se cruza durante mis plegarias o en mi
camino espiritual, logro reencontrar mi camino, logro sostenerme y avanzar a mi
humilde ritmo y mi Conciencia volver a estar atenta a mis plegarias.
A pesar de todas
las dificultades y gracias a Dios, he logrado una y otra vez continuar
adelante, rezando mis plegarias, pues al hacerlo me siento dentro de mi refugio
y sólo puedo interpretar esa tranquilidad o esa certeza, en los susurros de mi
ángel que me alienta a seguir adelante.
“Comprendan en
qué tiempo estamos, y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora
más cerca que cuando llegamos a la Fe. La noche ya casi ha pasado y el día está
próximo, renunciemos pues a las obras de la oscuridad y revistámonos con la
armadura de la Luz.” Romanos
13: 11 y 12
Después de muchos
años de empezar y abandonar mis trabajos espirituales, una y otra vez, un día
logré entender algo, tanto yo, como muchas personas no tenemos idea que es lo
que realmente debemos pedir, o también que plegarias son más adecuadas. Que, si
ni siquiera tengo idea cual es mi camino a seguir, tampoco a dónde debo llegar.
¿Qué pedir
entonces? ¿Que los ángeles quiten las piedras de mi camino? ¿Que me tomen de
las manos y me arrastren al camino correcto para que así yo no erre más?
Supongo yo que, los más elevados seres de Luz deben respetar nuestro libre
albedrío y ellos sólo pueden colaborar. Entonces, ¿en qué debo enfocarme?, en
conquistar mi paz interior, en dominar todo lo posible la lucha interior y así
en el silencio ser capaz de oír las palabras o respuestas de los seres de Luz.
Un día en
medio de mis plegarias, cuanto noté que casi siempre cambiaba algunas palabras
de las tradicionales oraciones, me detuve, callé por unos segundos y salió de
mi interior decir: Pero Señor, así es
como yo se rezar, así es como siento que debo rezar. No soy capaz de rezar de
otra manera. Sólo así soy capaz de mantenerme atento y centrado en ellas.
Y entonces, como
rezar antiguas plegarias textualmente como fueron escritas hace tanto tiempo se
me hacía difícil, comencé a escribir mis propias plegarias, que comenzaron a
ser cada vez más desarrolladas, más personales, más profundas que las
tradicionales plegarias y poco a poco me fui aferrando a ellas. Pues mis
plegarias personales no sólo hablan de todo aquello que quiero y necesito
sanar, a mi entender, sino que además es un recordatorio diario de mantener mi
compromiso en perseverar por avanzar en su logro.
Otro camino que
tuve que andar y desandar, fue vivir con metas o sin ellas. Ya que las metas
eran las equivocadas, lugares inaccesibles, así muchas veces me llevaban al
error o la soledad. Intenté entonces vivir sin metas intentando dejar fluir la
vida como venía.
En ese camino de
resignación, de no atender mis deseos, no esperar nada sino dejar que fuera el
Gran Hacedor que marcara mi camino diario, fue tan sufrido como los otros, pues
poco después me acusé de conformista, o que hacía mis plegarias tan sólo para
cumplir con algo que ni siquiera entendía. También de no ser capaz de sostener
un camino de esfuerzo y Fe.
Sentí que estaba
mal tan sólo rezar y que Dios envíe su ayuda y que los ángeles me empujen en el
camino que yo mismo debo realizar para alcanzar mi salvación.
En esos tiempos
lo único que comprendía era que sólo aferrándome a la Fe que tenía era como
podría acercarme a una vida de más tranquilidad interior. Y por ello, busqué de
muchas maneras distintas, rezar, meditar, pensar lo más posible en cosas
positivas. En fin, vivir buscando un camino posible para mí, que fuera
sostenible de acuerdo a mis capacidades, mi Voluntad y mi persistencia, en ese
peregrinaje en mi diario vivir intentando avanzar hacia la Luz.
Muchas veces
pensé, ¿qué me da derecho a mí a molestarme por no recibir la ayuda que pido
tan sólo por rezar un tiempo? Este mundo, esta vida, es un desafío, una
escuela, dura para algunos, o incomprensible para otros. Pensé, si yo le
reclamo a Dios, al Gran Creador, entonces ¿qué pasaría si El me reclamara a mí?
A pesar de todo
lo anterior, un día logré comenzar mis amaneceres en un ritual de plegarias y
pedidos a los seres de luz, más aún logré sostenerlo y cada día volverlo a
hacer. Después de rezar diariamente por muchos meses, un día SI comprendí algo,
que el día se me hace insoportable si no empiezo mi día con mis plegarias.
Mi Ego puede insistir
que no he recibido ninguna bendición, ningún crecimiento espiritual, ninguna
mejoría notoria, ninguna respuesta a mis plegarias… Sin embargo, me ha sido
evidente que esas horas dedicadas a mis plegarias me renuevan y purifican la
energía de mi Alma. Que esas horas de plegarias son en la mayoría de las veces,
el mejor momento que tengo en el día.
Con el tiempo me di cuenta que, lo mejor es sostener honorablemente el camino espiritual que cada uno es capaz de hacer, sea en mi caso realizar un ritual de plegarias en cada amanecer dejando abierto que recibiré la ayuda que el Gran Creador considere adecuada, y si pasa el tiempo y esa ayuda no la veo llegar, continuar de cualquier manera, pues el sólo hecho de continuar cada día mi trabajo espiritual me da la tranquilidad interior de hacer en cierta forma mi mejor esfuerzo diario, y entonces yo mismo puedo defenderme de mis propios juicios y así estar más en Paz con mi Alma y mi Espíritu.
He visto muchas
personas que tienen un enorme problema llamado ambigüedad, sufren por la culpa
de no mostrar su gratitud a Dios, al Gran Creador, o sea de rezar todos sus
días, pero por otro lado no tienen la voluntad suficiente para hacer lo
necesario para cambiar.
Todos aquellos
que tienen Fe, un día comprenden que la redención no se compra con dinero, se
logra con devoción.
También que el
Camino espiritual es un gran compromiso, que debe sostenerse con trabajo
diario, honestidad y humildad.
Nunca es tarde
para tomar la decisión correcta. Siempre es el momento correcto para abrazarse
a la FE y aferrarse a ella y no soltarla nunca más.
Y quien acepta el
desafío de invocar plegarias, tendrá que hacerlo con Fidelidad, es decir no se
puede rezar en una hora del día y el resto hacer lo que convenga pensando que
por rezar se está perdonado.
El valor
misterioso (intangible) de la Fe y de la dedicación diaria a la plegaria, es
justamente la incertidumbre de lo que se avanza. La sensación de no hacerlo es
al mismo tiempo el faro que alumbra hacia dónde ir, de redoblar el esfuerzo
para alcanzar ese lugar, ese estado del Ser, que… aunque no tenemos certeza de
cómo es, ni donde está, queremos, anhelamos, ansiamos llegar.
A mi entender de
hoy, ¿Qué es rezar?
Es liberarse de
toda competencia, no se debe rezar para logar algo. Sólo enfócate en limpiar y
purificarte a ti mismo, que sea para aprender a liberarte de todo mal, de
fortalecerte para no caer en las muchas tentaciones que invitan abandonar el
camino de la Fe.
Aun así, mi
consejo es no marcar logros a conquistar, ni siquiera en la más mínima virtud,
puesto que, repito, no somos nosotros capaces de comprender que es lo más
importante en lo que debemos mejorar, corregir, cambiar y por ello, si esforzarnos
diariamente pidiendo ayuda, asistencia a mejorar los defectos que más
claramente vemos en nosotros, después soltarlos y tener Fe que, algún día esas
carencias serán virtudes. Y no es nada poco, repetirnos a nosotros mismos todo
aquello que queremos corregir.
Algún día,
esperando con Fe, todo llegará en su momento trazado por Dios.
Entonces, hacer
un trabajo espiritual diario y no esperar nada, ¿No es bueno? No lo es, pues
significa no tener Fe. Considero que hay que asumir la obligación del esfuerzo diario
y constante y al mismo tiempo soltar con Fe al Gran Espíritu y sus seres de luz
la ayuda que tenga que ser.
Comprendí que la
ansiedad de esperar algo concreto que mi Ego o mi mente espera es el gran error
a evitar. Justamente allí está la Fe, no ser capaz de comprender que es más
importante o lo mejor para mi destino, pero creer totalmente que la ayuda
llegará, aunque no sea capaz de verla.
Espiritualidad es la decisión de Trascender nuestros
errores conocidos, luchar contra ellos con compromiso, dedicación y FE, seguir y
seguir en nuestro peregrinaje hacia nuestro interior buscando el reencuentro
con nuestra Alma y Espíritu. Seguir siempre y cada día, mirando hacia adelante
en nuestro camino de purificación.
Hace muchos años, en un retiro una amiga me comentó:
- He repetido mantras miles de veces, hice muchos
retiros con grupos, también a solas, recé a Dios, recé rituales de tribus
indígenas, también de la India, del Tíbet, recé en rituales de magia. Cada vez,
una y otra vez sólo encontré silencio y luego desesperación y soledad. A pesar
de todo eso, no sé por qué, aquí estoy otra vez en un nuevo retiro.
Cuando ella
calló, asentí con mi cabeza, poco después le dije.
- Amiga, estoy convencido que lo que importa es la
Fe y buscar todas las veces que sea necesario encontrar tus propias respuestas,
o mejor aún encontrar tus mejores preguntas, después, esperar con Fe que un día
las respuestas, o la señal de cuál es tu mejor camino llegará. Creo que la Fe
sin importar logros es la Fe más fuerte que puede haber.
Le sonreí y
agregué:
- Y aún aquel que no cree, que piensa que su Fe es
muy pequeña o débil, considero que debe continuar de cualquier manera, sus
plegarias por su paz interior. Si rezas, entonces tienes Fe. Después de todo, ¿Qué
precio estarías dispuesta a pagar por alcanzar la iluminación?
Ella agradeció y
quedó en silencio, unas respiraciones después la dejé sola en su meditación.
Santo Tomás de
Aquino dijo una vez: Tres cosas son necesarias para la salvación del hombre,
Saber que debe creer. Saber que debe querer. Saber que debe hacer.
El poder de
las plegarias es grande, aunque no seamos capaces de sentirlo. Repetir
plegarias fortalece nuestra Fe y además expresamos nuestro libre albedrío hacia
los seres de luz que deseamos su ayuda.
Nuestros problemas interiores parecen una debilidad, quizás por momentos insuperables, suéltalos y deja de enfocarte en ellos cada día, no son tan importantes. Sí es importante reconocerlos y hacer lo posible por superarlos. Rezar por ayuda es importante, pero, sobre todo, recordar en todo momento que buscamos superarlos sin metas o logros elegidos.
Es importante
soltar las ilusiones, los deseos son malos consejeros, también soltar los
convencimientos de otros (el camino de cada persona es diferente). Por ello es
importante vaciar los viejos conceptos errados, que fueron impuestos en nuestra
mente, para hacer lugar a lo nuevo. Vaciarnos de lo que no nos permite avanzar
y que dañan nuestra autoestima, como la competencia que es una necesidad del Ego.
Cuando sueltes y
descartes toda la basura que te han cargado en tu mochila y las que tú mismo
aceptaste sin darte cuenta, te sentirás liviano y de pronto lleno de Luz.
Al soltar las
ataduras y los convencimientos no queda dolor, no hay heridas, porque sólo eran
ilusiones. Y si puedes, ayuda a otros a hacerlo.
¿Quieres Paz?
deja de pensar en el pasado, también en el futuro, el presente es lo que
importa y sólo podrá alcanzarte cuando estés en el vacío.
Y si alcanzas tu
propio vacío, la alegría y amor que podrás mostrar tocará a todos y a cada cosa
que haces.
Intenta que cada
minuto de cada día sea sabiamente utilizado. Haz tu mejor esfuerzo para que sea
tu Conciencia conectada a tu Alma quien dirija tu vida y no tu mente al
servicio del Ego.
Debes aceptar que
todo lo que te pertenece, al partir de este mundo, de esta vida, todo eso pertenecerá
a otro. En cambio, todo lo que tú eres es tuyo para siempre. Todo paso
avanzado en el camino espiritual será para toda la eternidad.
Estoy convencido
que nuestra atención debe estar puesta en:
La alegría de
sentirse pleno aún en ausencia de cosas. No necesitamos nada para ser felices, eso es un
error que nos han inculcado. Seguro, no es fácil, pero en eso debemos trabajar.
La Felicidad
de sentir Armonía en compañía de otros. Si no logras estar en armonía pues alguna persona
cercana te hace sentir mal, deberías buscar que aspecto te está mostrando que
seguramente aún no has sanado en ti mismo y por lo tanto agradecerle en
silencio, por ayudarte a recordarlo.
La belleza del
Amor que logramos sentir en algunos momentos de nuestra vida. Todos tenemos días de bienestar y
deberíamos agradecerlos y recordarlos en otros momentos difíciles para no
permitirnos pensar que todo es difícil en nuestra vida. Si es difícil el camino
que podemos elegir en nuestro libre albedrío, pues si necesitamos aprender
desde el dolor, pues así será, pero también podemos elegir aprender en el
camino de la paz.
La Paz del
silencio. La simplicidad de la vida. Conquistar el silencio interior es una maravilla que podemos conquistar
paso a paso a través de nuestra diaria tarea espiritual, en el transcurso de
ese camino comprenderemos algún día que, en la sencillez de la vida, libre de
ataduras y deseos estamos cerca de la felicidad.
Quien reza es
porque tiene Fe, y si tiene Fe, encontrará un día su mejor camino a la Luz de
Dios.
La Esperanza, la
Fe y el compromiso firme en la tarea espiritual de cada diaria nos lleva hacia
la convicción que somos más que nuestra parte física.
Con Fe y esfuerzo
sincero abrirás en el momento adecuado el pasaje del puente hacia realidades
inexplicables, un plano o un lugar donde seremos mucho más que quienes somos
hoy. Y con el tiempo de esfuerzo llega a la comprensión que la Iluminación, o
la Sabiduría son alcanzables.
Aquellos que han
conocido otros planos, o han avanzado algún paso importante en su camino
espiritual aprendieron a lidiar con la incredulidad, a aceptar que siempre
habrá personas que no creerán en lo que ellos hacen o dicen.
Los escépticos nunca tendrán suficientes pruebas y
quienes tienen Fe no necesitan pruebas.
Deja de lado
la simple idea de poner un plazo para logar un paso en tu camino hacia la Luz. Piensa esto, ¿te hace feliz tu momento de
plegarias o tu momento de meditación? Si te da alegría, o paz al hacerlo
entonces ya tienes el mejor logro. Y si aún no te da la alegría suficiente,
entonces espera pronto llegará el día que te sentirás sencillamente bien tan
sólo por repetir tus plegarias y ya no querrás dejar de hacerlo.
Venimos a este
mundo a aprender, por una razón que somos incapaces de comprender no tenemos
una conexión con nuestra Alma ni nuestro Espíritu, y claro tampoco con los
elevados seres de Luz.
Podemos vivir
años de plegarias pidiendo un mensaje o una conexión con los elevados seres de
Luz y mientras nos mantengamos pendientes y aferrados a la llegada de esa ayuda
seremos incapaces de ver el más sencillo paso que tenemos enfrente.
Al morir, nuestro
espíritu vuelve a tomar el control de nuestra existencia y se abre una puerta
donde podremos encontrar esa conexión que tanto buscamos con los elevados seres
de Luz por nosotros mismos.
Aun así, uno
mismo en esta vida puede conquistar la comunicación con planos trascendidos, y
para ello, no es imprescindible ir con un médium, o encontrar un maestro
iluminado para que ayuden a recibir señales de los seres queridos o de seres
elevados en la Luz, esas personas son solo una ayuda para lograr una
comunicación más fácil, pero las señales siempre están a nuestro alrededor
(luces, sonidos, vibraciones, etc.), como tantas cosas hay que trabajar en
aprender a percibirlas y practicar mucho, entonces será más fácil.
Es totalmente
natural querer alcanzar a tener una visión del mundo de Luz que aspiramos
llegar, teniendo muy presente que a esa visión llegaremos como resultado del
diario y sincero esfuerzo. Y así las cosas invisibles se irán transformando en
sensaciones cada vez más claras o cercanas a nuestra conciencia.
Considero muy
importante resaltar que en el mismo momento que uno siente la necesidad de una
prueba, se disuelve la Fe.
La espera de ver
cumplida una prueba espiritual, transforma esa espera en un sufrimiento que
impide seguir adelante o que incluso mismo termina impidiendo que esa prueba se
cumpla.
Lo más preciado
de la vida es la incertidumbre. Sentirnos incompletos es bueno, pues fortalece
la necesidad de crecer. No comprender cuál es nuestro camino diario hacia la
Luz es bueno, pues muestra la necesidad de abrazarnos a nuestra propia Fe.
Es la Fe la que
nos conecta con nuestra Alma, y también con los seres de Luz.
Y si tenemos Fe,
entonces nos sentiremos seguros que nuestras plegarias son escuchadas y por
ello soltar en manos de Dios que conceda la ayuda que necesitamos, sin dejar
nosotros de hacer nuestro trabajo espiritual diario.
Ahora vivo mis
días creyendo en la existencia de vida después de la muerte, y desde aquel día
en que lo sentí así, mi vida cambió, nació la esperanza, se fortificó mi
voluntad para sostener mi esfuerzo diario en mi camino espiritual y al mismo
tiempo se hizo más fácil deshacerme de la pesada carga de los problemas del
cada día.
Hoy vivo pensando
en mi redención, en conquistar mi unificación con todo mi Ser. En encontrar mi
silencio interior cuando más lo necesito y entonces así, encontrar mi mejor
paso de cada día hacia la Luz de Dios.
Desde ya hace un
tiempo, en cada amanecer realizo con todo mi mejor compromiso mi ritual de
plegarias, un ritual que cada vez renace y evoluciona acompañando mi
peregrinaje en mi camino espiritual, convencido que mis plegarias son escuchadas
y que la ayuda me envuelve, aunque no sea capaz de sentirla en el momento.
Hace muchos años
comparto mis experiencias y lo que he creído aprender en ellas, tal cual muchos
otros caminantes también han compartido y así entre todos nos ayudamos.
Y así el día que
esta vida esté cercana al fin, poder tener la paz de pensar que hice mi mejor
esfuerzo por superarme y entonces mi vida no fue en vano.
jueves, 17 de junio de 2021
Cinco Historias
1 - Hare Kryshna
En setiembre de
1991 fui al aeropuerto de San Francisco a embarcarme en un vuelo que me
traía de vuelta a
Montevideo, cuando llegaba a la puerta me crucé con un joven monje que vendía
libros del movimiento Hare Krishna.
El muchacho me
saludó y se acercó a mí.
- - Buen día señor, estoy vendiendo estos libros que le pueden ayudar en su camino espiritual.
- - Ah bien, pero lamentablemente no puedo comprarte nada estoy volviendo a mi país y prácticamente no tengo dinero.
El muchacho me
miró con su dulce sonrisa, asintió con su cabeza, miró sus libros y eligió uno
de ellos.
- - Ya veo, Señor si usted me permite, quiero
regalarle este libro, si usted me promete que lo leerá.
Yo miré al joven,
luego al libro que me ofrecía, y sin saber por qué le respondí:
- - De acuerdo, lo acepto, lo leeré.
- - Que tenga un buen día señor, y un buen viaje.
- - Gracias.
El muchacho saludó
con una reverencia, giró su cuerpo y caminó hacia otras personas cercanas.
Lo miré por unos segundos, después miré el libro que me había regalado, su
título era “La ciencia de la auto realización” de Swami Prabhavupada, me di
vuelta y caminé para entrar al aeropuerto.
En aquellos años los viajes largos se dividían en muchas escalas, mi primer
vuelo era hacia la ciudad de Los Ángeles, apenas el vuelo comenzó, saqué el
libro de mi mochila y comencé a leerlo.
Por un rato leí, pero cuando llegué a la página 8 de alguna manera algo
cambió en mí y no logré más concentración para leer y lo guardé.
Siguió el viaje de Los Ángeles a Panamá, luego a San Pablo, Buenos Aires y
finalmente Montevideo, ya no me acordé del libro.
Cuando llegué a mi casa, coloqué el libro en la repisa biblioteca del
corredor y pronto me olvidé de él.
El tiempo pasó, volví a Estados Unidos y en navidad de 1992 volví con mi
señora y mi hija bebé que nació en Santa Cruz, California.
Un mes después de ese regreso, me contrataron para un trabajo que me llevó
a vivir en Tacuarembó, en 1996 ese trabajo terminó y me encontré desempleado.
Fueron 8 duros meses sin trabajo que pasaron, parte de ellos los usé para
practicar mucho Reiki en mí, pues me había iniciado en marzo y en setiembre
participé en mi iniciación de segundo nivel, fue por aquellos días cuando en un
momento caminando por el corredor de casa, vi el libro en uno de los estantes,
y de pronto me dio mucha vergüenza, no había cumplido mi promesa.
Saqué el libro de allí y me puse a hojearlo parado en el corredor, unos
minutos después busqué un lugar cómodo y comencé a leerlo nuevamente desde el
principio.
Entre el resto del día y el siguiente terminé de leer el libro y me
fascinó. Un rato más tarde me preguntaba, ¿por qué no habría podido leerlo en
aquel largo viaje en 1991? Y, ¿por qué en ese momento lo había leído sin parar?
Mi conclusión fue, no era el momento antes, es decir yo no estaba pronto
para leerlo y tomar de ese libro la enseñanza importante que tenía para mí.
Bien, poco después encontré un nuevo trabajo que me quitó del desempleo, el
puesto era, técnico de mantenimiento de computadoras. Estuve tan sólo un mes y
poco en él, pues pronto encontré un trabajo mucho mejor, como técnico para
reparación y mantenimiento de equipos médicos.
Seguramente la energía del Universo me estaba favoreciendo en esos tiempos
pues 7 meses después, me llamaron de la empresa representante de Nortel Networks
y me ofrecían un puesto como técnico a cargo de una nueva central regional de
celulares, con la condición de moverme a vivir en la ciudad de Treinta y Tres.
Comenzaron años de prosperidad, la empresa me pagaba el alquiler de una
gran casa.
Poco antes de mudarme había comprado otro libro de Swami Prabhupada, “Un
gusto superior” ese libro me venía muy bien, pues desde marzo de 1996 yo me
había vuelto vegetariano y ese libro servía para aprender cocina hindú.
En aquellos tiempos, me contacté vía internet con el movimiento Hare
Kryshna en Montevideo. Unos meses después ellos me escribieron diciendo que el
maestro principal deseaba visitar Treinta y Tres para realizar una conferencia,
y si yo podría colaborar en promover su llegada y también encontrar un lugar
adecuado para la conferencia.
Esa vez me comprometí en ayudar y cumplí con eso, hablé en la casa de la
cultura de esta ciudad y también pegué en las calles algunos folletos que me
habían enviado, para invitar a la gente a participar.
Cuando se acercaba el día de la venida del maestro y un grupo de
discípulos, yo ofrecí hospedar al maestro en mi casa.
Así fue que cuando llegó esa gente, un grupo de muchachas pidieron permiso
para organizar la comida en la cocina de casa, ellas se movían muy ágiles,
alegres y devotas a su maestro.
A la conferencia asistió bastante gente, además fue muy interesante. Más
tarde comimos la cena y poco después el maestro se disculpó para ir a meditar y
descansar en su habitación.
Al día siguiente, después de desayunar, el maestro realizó una reunión de
meditación en el gran living de la casa que vivía entonces, los devotos
hicieron música y cantaron con mucha devoción.
Más tarde disfrutamos todos de un delicioso almuerzo, en la sobremesa el
maestro hizo una seña a una de las jóvenes y ella trajo un libro, él dijo que
me lo entregara, era el Bhagavad Gitá, con una hermosa encuadernación. Era el
regalo del maestro en agradecimiento por mi hospitalidad y colaboración.
Antes de finalizar este relato quiero mencionar un relato que el maestro me
hiciera esa mañana.
“Hace unos años estaba en Delhi por un encuentro y conferencia de maestros.
Mi hotel estaba a algunas cuadras del centro de reuniones. En mi primera
caminata pasé al lado de un hombre muy humilde que vendía arroz en pequeños montoncitos
colocados sobre un viejo trapo en el suelo, al costado tenía un tazón de madera.
El pobre hombre vestía harapos, esperaba sentado en el suelo con una sonrisa
deslumbrante.
“Durante los días que duró el evento, cada vez que pasaba frente a ese hombre
su sonrisa era la misma maravilla. Uno de esos días, cuando pasaba vi que un
hombre le hablaba con curiosidad.
- - "Dígame ¿cómo logra estar tan feliz viviendo en esta pobreza, durmiendo en la calle, bajo el sol, o la lluvia?
- - "Señor, cuando logro vender mi tercer tazón, con ese dinero me alcanza para comprar cuatro tazones comer el arroz de uno de ellos y dejar para vender los otros tres tazones para vender mañana. Después de eso puedo disfrutar mi paz el resto del día.
- - "¿No le gustaría vivir mejor?
- - "Solo tengo mi tazón, no necesito nada más, nada porqué preocuparme, mucho para agradecer a Dios por esta vida.
2 - Cuatro monjes
predicadores
Ya Eran varias las veces que en la reunión de los principales monjes de un
templo comentaban su consternación por la situación de vida de los pobladores
del gran pueblo cercano. Avinu el abad después de escuchar pacientemente a
todos los ancianos monjes, finalmente comentó su idea.
- - Queridos hermanos, he considerado este plan, elegiremos a cuatro jóvenes monjes, que se establecerán en el templo abandonado del pueblo vecino.
Avinu hizo una corta pausa, respiró hondo mientras miró a cada anciano a su
alrededor, y siguió.
- - Los elegidos irán primero a un retiro donde recibirán una preparación especial.
- - Pongo en compromiso a cada uno de ustedes a colaborar en esa formación.
Fue así, que los jóvenes fueron trasladados a una parte aislada del templo
y a partir de ese día, solo tenían contacto con los ancianos monjes los que
compartieron todo su conocimiento. El resto de los días los jóvenes meditaban.
El mismo día que los jóvenes comenzaron su formación, un grupo de
trabajadores viajaron a la ciudad cercana y comenzaron a restauran el templo
abandonado.
Luego de seis meses, el consejo consideró que aún no era suficiente el entrenamiento
pensando en la difícil tarea que debían enfrentar. Entonces el consejo designó
un monje mayor para que permaneciera como guardián del templo restaurado hasta
que los jóvenes monjes fueran a ocuparlo.
Así fue que la preparación se prolongó una y otra vez hasta que luego de
dos años, hubo consenso y los jóvenes recibieron el permiso de abandonar el
templo y encaminarse a la gran ciudad, para comenzar a predicar.
Durante ese largo tiempo de preparación, el templo no solo había sido
restaurado, sino que contaba además con una hermosa quinta y un bello jardín.
En dos carros llegaron los cuatro jóvenes monjes acompañados por cinco
sirvientes quienes realizarían las tareas de servicio en el nuevo templo.
Cuando los carros estuvieron cerca vieron al guardián acompañado por otros
dos hombres esperándolos en el umbral del templo.
Apenas bajaron de los carros, el monje guardián caminando con una amplia
sonrisa y sus brazos abiertos les recibió diciendo.
- - Doy la bienvenida a los nuevos predicadores.
- - Gracias venerable. Contestó el joven Damón.
Los otros tres agradecieron, también sonrieron, mientras inclinaban sus
cabezas al monje mayor.
- - Adelante, les mostraré su nuevo hogar.
En de la corta recorrida Damón volvió a hablar, ya que sus compañeros
estaban inmersos en sus pensamientos.
- - Que hermoso ha quedado este lugar.
El guardián lo miró, luego a los otros y respondió.
- - Si así es… muy bien, mi misión aquí está cumplida y para mí ya es tiempo de volver al viejo templo, les deseo el mejor de los éxitos.
Poco después estaban los cuatro jóvenes monjes parados en el umbral del
templo viendo alejarse al guardián y sus dos acompañantes.
Una vez que estuvieron solos, se miraron entre ellos, Gedus aspirando
fuerte dijo.
- - Pensé que el viejo guardián quedaría con nosotros un tiempo hasta que nos acomodáramos.
Mateo había estado mirando a los cinco sirvientes que estaban parados
esperando órdenes a pocos pasos de ellos, entonces dijo.
- - Si yo también, pero bueno, tendremos que hacernos cargo.
Todos asintieron mientras miraban a su alrededor, Damon agregó
- - Recorreré un poco más el templo.
Los otros lo miraron alejarse unos pasos y poco después todos lo
acompañaron.
Cuando llegaron a las habitaciones, comprobaron que una de ellas era más
amplia que las demás. Se miraron en silencio, hasta que Gedus comentó.
- - Cuando partimos del viejo templo en anciano abad no nos dijo quien quedaría a cargo de este templo…
- - O sea, quien ocupará esta habitación entre otras cosas… agregó con ironía Lucas.
- - Y quien oficiará las celebraciones y rituales. Agregó Mateo.
- - Sí, así es. Dijo Damon.
- - Bueno, yo no me considero adecuado para estar a cargo, decidan entre ustedes, dijo Lucas.
- - Yo creo que uno de ustedes dos debe ser, fueron los más destacados durante todo nuestro retiro. Sumó Damon.
Gedus miró a Mateo, por un momento ninguno habló. Gedus miraba la
habitación mayor con un claro interés en ocuparla.
Para romper el incómodo silencio Damon preguntó.
- - ¿Cuándo haremos la primera celebración?
- - Sí, hay que dar aviso a la gente de la ciudad, agregó Lucas.
En ese momento Gedus no estaba interesado en los detalles de las
celebraciones, se sentía angustiado pues no podía pensar en otra cosa que
apoderarse de la habitación más grande. No respondió, miraba los detalles de
esa habitación, un buen escritorio, una pequeña biblioteca, buena iluminación,
entonces esperó que Mateo diera su opinión para buscar una mejor opinión y así
ocupar él ese lugar tan deseado.
Mateo comprendió con bastante claridad los deseos del otro, sonrió un tanto
y habló calmadamente.
- - Eemmm, pienso que debe ser este próximo domingo.
Sin dar tiempo a Gedus, Damon respondió
- - ¡Si claro!, es el día adecuado.
- - Estoy de acuerdo, sumó Lucas.
Gedus apretó sus puños y no dio su opinión. Mateo volvió a sonreír y
sorprendió a Gedus diciendo.
- - Hermano Gedus, no nos compliquemos, me doy cuenta que deseas realmente usar esta habitación, no hay problema yo elegiré otra.
- - Bueno… eh… Eemmm, gracias. Si supongo que el domingo es el día adecuado.
- - Estamos todos de acuerdo, bueno creo que hoy todos podemos usar el resto del día para acomodarnos en nuestras habitaciones en calma. Mañana comenzaremos a preparar todo para el domingo. ¿Están de acuerdo?
Apenas dijo eso Damon se retiró a una de las habitaciones, mientras Lucas
salió del templo a recorrer las calles vecinas y así conocer mejor los alrededores.
El día siguiente fue tranquilo, Lucas tomó la tarea de dar aviso a los
vecinos de la celebración del domingo, con ello estaría recorriendo las calles
por esos días y así evitó participar en las tareas de organización.
Un rato después que quedaron sólo los tres monjes, Gedus sintió que debía
dar un paso más para convertirse en el regente del templo y pensó que tan sólo
debía convencer a Damon para obtener la mayoría y así también asumir el rol
principal del templo.
Gedus sabía que Damon era simpático y poco propenso a la lectura, le
gustaba hablar y buscar las tareas más fáciles, así que reunió una buena
cantidad de lecturas de salmos y antiguas oraciones y le dijo a Damon.
- - Hermano Damon, mira aquí tengo esta colección de oraciones, ¿me ayudas a elegir cuales podríamos usar este Domingo?
- - Eemmm, hermano Gedus, yo creo que tú podrás elegir adecuadamente… Elige tú.
- - Bueno… si así dices.
Con esa simple maniobra Gedus logró la mayoría y por lo tanto él oficiaría
la primera ceremonia del templo.
Mateo miró a ambos con calma y pensó por unas respiraciones, entonces
respondió.
- - Bien, quedan tres días para realizar algunas tareas en el templo, ya que tu Gedus harás la ceremonia, yo ocuparé mi tiempo junto a los sirvientes, les asignaré tareas para que todo esté adecuadamente pronto.
El domingo llegó, acudieron unas cincuenta personas, todo parecía
alentador.
Pero el sermón de Gedus fue largo, usó muchas palabras poco utilizadas en
el hablar popular y además agregó muchas referencias en lenguaje antiguo que esa
gente no conocía, lo que aburrió imperdonablemente a muchos.
Varias personas que estaban en el fondo se levantaron a mitad de la
ceremonia y se retiraron.
Gedus se molestó tanto que su cara quedó roja y tuvo que hacer un esfuerzo
para continuar su ceremonia.
Cuando por fin terminó su sermón, casi todos se levantaron y se retiraron
rápidamente, tan sólo unos pocos agradecieron al monje.
Más tarde, en la cena, Gedus continuaba molesto con las personas que se
habían retirado.
Damon que había estado parado en la entrada del templo comentó.
- - Todos los que se fueron antes, estaban molestos porque no entendían nada lo que decías hermano Gedus.
Mateo asintió con su cabeza, y dijo,
- - Me parece que además las largas lecturas los distrajo y… yo arriesgaría a decir que se aburrieron, por eso, al terminar la ceremonia se fueron de esa manera.
- - Eso mismo comentaron sí, se aburrieron totalmente. Dijo Lucas eso comentaban mientras salían.
- - Bueno Mateo, entonces tu harás la próxima ceremonia y veremos qué tal te va con esta gente. Dijo bastante enojado Gedus, dicho esto, se levantó y se retiró a su habitación sin decir más.
A la siguiente ceremonia acudieron apenas treinta personas, Mateo, mencionó
tan sólo unos pocos salmos, además dio su interpretación de cada uno de ellos,
invitando a todos a reflexionar.
Mateo había logrado mejor respuesta de la gente, además al menos nadie se
retiró durante la ceremonia, eso para Gedus marcó definitivamente una
rivalidad. Esa noche durante la cena protestó
- - Mateo hoy no has mencionado importantes enseñanzas de los libros sagrados.
- - Gedus creo que no te adecuas a la realidad de esta gente.
- - Nos prepararon a todos para enseñar esos conocimientos y revelaciones, ¡no lo que a ti te parece!
Mateo no contestó inmediatamente, en vez miró a los ojos al exaltado
compañero, que al parecer se sentía con derecho a acusar y reprochar, tal cual
si fuera el líder de ese templo. Entonces aspiró hondo, hizo esperar un poco
más su respuesta hasta calmadamente dijo.
- - Entonces hagamos así, tu predicas los domingos según tu criterio y yo lo haré los jueves a mi manera. ¿De acuerdo?
- - ¡No estoy de acuerdo con tu prédica, pero allá tú con tu conciencia!
Nadie dijo nada, y luego de un molesto silencio, Gedus se sintió satisfecho
pues había logrado de hecho ser el predicador principal del templo, respiró
hondo y con soberbia agregó. Además él quedaba con el día de descanso de los
pobladores y dio por seguro que Mateo no tendría casi concurrencia en la mitad
de la semana.
- - Bien, yo predicaré todos los domingos, así será.
Tres semanas después las cosas fueron distintas, se hizo evidente que la
gente seguía preferentemente a Mateo pues acudía el doble de personas a sus
ceremonias.
Gedus no paró de criticar a Mateo, pero este justificado en sus seguidores
continuó en su camino. Entonces Gedus comenzó a enviar cartas al consejo del
viejo templo acusando a Mateo de sus desviados caminos de prédica.
De cualquier manera, los feligreses eran cada vez menos para ambos.
Los días pasaron, pocas personas se acercaban al templo, y muchos de los
que llegaban lo hacían por unas pocas veces y luego no volvían.
Lucas, era quien recorría más los alrededores por lo que había escuchado
acerca del rechazo de los pobladores.
Damon con su simpatía obtenía comentarios de los pocos feligreses, así logró
saber que sus rituales eran demasiado exigentes para las personas comunes y no
soportaban las largas ceremonias.
Mateo aceptó la idea de simplificar aún más sus rituales haciéndolos más
simples con la esperanza que la gente ya no desertaría.
Gedus, defendió toda su larga preparación y que por algo ellos habían sido
preparados de esa forma y que sólo siendo respetuosos de aquella forma los
feligreses podrían alcanzar la salvación. Se sentía desesperado pues no recibía
respuesta del viejo templo y sus compañeros ya no aceptaban sus opiniones, su
poca flexibilidad lo limitaba y al mismo tiempo lo alejaba cada vez más de la
realidad, de la poca gente que acudía al templo sólo unos contados asistían a
sus ceremonias.
Una noche los cuatro monjes intercambiaron opiniones durante horas sobre
qué hacer, pero sí coincidieron en que Gedus debía acortar sus sermones, así
que no tuvo excusas para negarse.
Mateo atendiendo las sugerencias de Lucas y Damon simplificó aún más sus
ceremonias.
Las semanas pasaron, Gedus obligado por la realidad comprendió que debía
dar una interpretación a los antiguos sermones y así lo hizo, Mateo cambió una
y otra vez su prédica y si bien los rituales que condujo fue mejor aceptados, cada
vez menos personas asistían.
Un domingo en la cena de la noche, el silencio pesaba entre los cuatro
monjes. Cuando estaban todos terminando su comida, Lucas dijo.
- - Estoy muy preocupado, siento que hemos fracasado.
- - Es imposible predicar a esta gente con tan poca cultura, dijo Gedus.
- - Tiene que haber una forma de llegar a sus corazones, dijo Mateo.
- - ¿Ah sí? Pues entonces, ¿qué terminarás predicando para que te escuchen con atención?
Mateo no respondió, con su cuchara movió varias vueltas unos pocos granos
de lenteja que quedaban en su plato, respiró y dijo.
- - Espero que el Señor me inspire con las palabras adecuadas.
Por unas respiraciones nadie dijo nada hasta que Lucas volvió a hablar.
- - Queridos compañeros, como les dije siento que he fracasado, hoy decidí abandonar el templo, pero no volveré al viejo templo, me iré conocer otros lugares, a recorrer el mundo y eventualmente hablaré de religión a quienes acepten mi prédica. Mañana por la mañana me iré.
Las cosas no mejoraron y obviamente, Gedus se quedó poco a poco sin
seguidores, hasta que un día nadie concurrió a la celebración del domingo, ese
mismo mediodía durante el almuerzo les comentó a sus compañeros que había
decido abandonar su misión y volver al viejo templo.
Al día siguiente Gedus se fue acompañado por dos sirvientes, se fueron en
una de las carretas tirada por dos mulas.
Damon prometió seguir ayudando a Mateo, pero ocupándose solamente de
predicar en las calles insistiendo en traer de vuelta a la gente, así Mateo quedó
a cargo de todo el templo.
Las semanas pasaron, Damon continuó tan preocupado por agradar a los
vecinos que llegó el momento en que los continuos pedidos de cambios a Mateo
crearon una diferencia irreconciliable. Mateo escribió una carta al gran abad
del antiguo templo pidiendo ideas o ayuda, pero sólo recibió la respuesta que
ellos habían sido suficientemente preparados para saber cómo continuar.
Un día, la diferencia de opiniones se transformó en una agria discusión que
provocó que por algunos días ellos dejaron de hablarse. Pasado el rencor,
volvieron a hablar, pero la única salida que encontraron era que uno de ellos
quedaría al frente del templo y el otro buscaría su propio camino, al día
siguiente Damon abandonó el templo para siempre y no volvieron a verse.
Algunos días después los tres sirvientes que habían quedado abandonaron sin
aviso el templo llevándose la carreta restante y la última mula, como también
la mayoría de los víveres.
Enfrentado a la soledad, Mateo comenzó a preguntarse si habría sido
acertada la idea de modificar los rituales, pues de cualquier manera los
feligreses eran tan sólo un pequeño grupo que variaba entre 5 a 7 personas,
prácticamente nada en una población de más de mil personas. Una mañana durante
el desayuno Mateo comprendió que él mismo ya no se sentía cómodo con su
trabajo.
Así fue que poco a poco comenzó a volver a la tradición del viejo templo, pasaron
los días hasta que un día el joven monje anunció a los tres feligreses
presentes que haría un viaje al viejo templo a buscar consejo con el anciano
maestro.
Mateo no contaba con nada en su templo que le ayudara a movilizarse, ya que
todos los que habían abandonado el templo se habían llevado todas las
facilidades de transporte, mulas, carros, todo.
El joven monje emprendió el viaje con calma considerando que el mismo viaje
le ayudaría a poner las cosas en orden entre su corazón y su mente.
Muchos días después, llegó a la puerta del viejo templo, su vieja túnica
sucia y sus sandalias remendadas y una evidente desnutrición, le hacía parecer
un mendigo, los guardias no lo dejaron entrar, entonces Mateo pidió que algunos
de sus viejos amigos se acercara al portal.
El cansado monje se sentó sobre uno de los asientos de piedra de la entrada
y esperó. Pasó un rato hasta que llegó un viejo amigo que al verlo lo abrazó y
acompañó al salón donde estaba el anciano abad.
Cuando Mateo llegó al gran salón donde estaban varios monjes hablando con
el abad, el anciano lo miró, levantó su mano y lo saludó, haciendo señas para
que se acercara.
- - Bienvenido Mateo.
El anciano mantuvo su sonrisa mientras el joven se acercaba, una vez cerca
le señaló que se sentara justo a su frente. Al mismo tiempo miró a los demás
monjes que allí estaban y dijo.
- - Tendré una conversación con hermano Mateo, por favor discúlpenme y déjenos solos pues necesitamos silencio y un buen tiempo para hablar.
Dos ancianos maestros presentes que formaban parte del consejo aclararon su
garganta en señal de protesta. Avinu sonrió levemente hacia ellos y asintiendo
con su cabeza, levantó su mano derecha con la palma hacia arriba, mostrando
firmeza en que se retiraran.
Respiró suavemente mientras observaba como todos se retiraban y luego
mirando al joven monje dijo.
- - Mi querido muchacho, ¿qué te trae por aquí?
Mateo explicó al anciano todos sus intentos para ajustar la prédica con el
fin que la gente no dejara de concurrir, pero que al mismo tiempo sentía un
remordimiento angustiante de no poder continuar con las sagradas enseñanzas que
había recibido en sus años en el viejo templo.
- - Entiendo mi querido que estés preocupado…
Avinu, extendió su mano, tomó su tetera sirvió té en dos tazas, le ofreció
una a Mateo y luego tomó un trago de la suya, y continuó diciendo.
- - Hay algo que es importante de comprendas, quienes hicieron las primeras escrituras de las palabras de Dios, ellos a su vez lo hicieron a través de su propia memoria y su propia interpretación.
- - Todos nosotros leemos cientos de obras durante nuestras vidas en los templos, cada monje interpreta y comprende a su manera y de acuerdo su propia Fe y eso es lo que han expresado en esos antiguos libros.
- - Los antiguos textos sagrados son muy importantes, sí… pero deben ser una guía, una inspiración, como la luz de un faro, para no alejarnos de nuestro camino. Sin embargo, no puedes esperar que las personas simples puedan comprender y aceptar la prédica para aplicarla a sus vidas.
- - Más bien, muchos feligreses vienen al templo para recibir el perdón y volver en paz a sus casas. Muchas personas logran seguir adelante en sus vidas dejando de lado los preceptos espirituales y sienten por ello una culpa que no es necesario repetírselas pues sino huirán. Ellos no será gente que seguirá un camino de superación espiritual, tan solo necesitan consuelo, necesitan perdón, palabras que les devuelva algo de paz a sus vidas, que le de esperanza.
- - Algunos monjes conocen profundamente las antiguas escrituras, pero son incapaces de predicar, pues son incapaces de ponerse en lugar de una persona sencilla que llega en busca de una palabra tranquilizadora. Incluso muchos viven una vida de culpa, pues no se sienten capaces de alcanzar la pureza que se exigen a sí mismos y por ello son monjes pero también gente resentida.
- - Es un hecho que cada monje debe encontrar su propia forma de predicar si espera que los demás no sólo escuchen lo que dice, sino que además presten su atención.
- - Querido Mateo, mi consejo es que vuelvas en paz al nuevo templo, no se aflijas si tus seguidores son pocos, pero si ocúpate que los pocos que lleguen salgan con su corazón reconfortado.
- - Pero abad, ¿y las viejas escrituras?
- - Habla de las viejas escrituras a aquellos que deseen escucharlas y mientras tanto haz tu predica inspirado en ellas, pero con palabras que sí lleguen a sus corazones. Que tus palabras les dé alegría, aunque sea por mientras están en tu templo. Más adelante llegarán a ti otros que sí estarán interesados en cuestiones más elevadas, a ellos si podrás hablarles de las escrituras sagradas.
- - Si maestro.
- - Muy bien, sé que has quedado solo allá, he elegido dos viejos sirvientes del templo que te acompañarán y quédate tranquilo ellos no te abandonarán. Volverás esta vez en un carro con suficientes provisiones para un tiempo, todos los meses haré que vuelvan a surtir tu templo con todo lo que necesites, no pierdas el tiempo en tareas que no sean la dedicación a tus feligreses, con el tiempo el resto se solucionará.
- - Ah, por último… siéntete contento que estas sólo, pues ahora tienes la oportunidad de encontrar tu propio camino de prédica, estarás libre de críticas, en cambio serán las caras de tus seguidores al salir del templo quienes te mostrarán lo acertado de tu prédica. Y ten la tranquilidad de venir a hablar conmigo todas las veces que necesites, para mí es más difícil visitarte ya soy muy anciano.
Así fue que Mateo volvió reconfortado al nuevo templo, pasaron muchas
semanas con los mismos pocos seguidores, pero el tiempo supo dar premio a su
dedicación. Unos años después las ceremonias llenaron el templo de feligreses.
3 - El pastor de ovejas
Un comerciante
viajaba entre dos ciudades, cuando el carro se averió en un lugar apartado del
camino. Mientras su asistente se ocupó de reparar el daño, el comerciante dio
un paseo alrededor.
Unos minutos
después, vio en la ladera de una colina cercana un hombre joven sentado a la
sombra de un árbol mientras cuidaba de su pequeño rebaño de ovejas.
El comerciante
caminó hacia el pastor para ver si lograba convencerlo que ayudara a su
asistente a reparar más rápidamente su carro.
Unos minutos
después llegó cerca y saludó.
- - Buen día pastor.
- - Buen día señor.
- - Eemmm, mire mi carro se averió y sería bueno si usted ayudara a mi sirviente así la reparación sería más rápida.
- - Oh, disculpe señor, pero estoy cuidando a mis ovejas.
- - Si, entiendo… por lo que veo que su rebaño no es muy numeroso, quizás usted podría ayudar a mi sirviente y ganarse algunas monedas.
- - Ah, le agradezco señor, pero como le dije, no sé nada de reparaciones.
- - Bueno… aún así si ayuda a mi sirviente él terminará más pronto.
- - Le agradezco su oferta señor, pero seguiré cuidando mis ovejas.
- - Eemmm, piense que podría darle suficientes monedas para que usted compre 3 o 4 ovejas jóvenes y así aumentar su rebaño.
- - Oh, ya veo, pero, ¿y para qué puedo querer yo más ovejas?
- - ¿Cómo? Pero muchacho, si usted tuviera más ovejas lograría más lana e incluso podría de vez en cuando comer alguna.
- - Señor, yo no como carne de mis ovejas, las cuido mucho y les tengo cariño.
- - Bueno entiendo, pero si tuviera más ovejas usted podría producir más y ganar más dinero.
- - Señor, no veo la ventaja de tener un rebaño grande.
- - Sea visionario joven pastor, mire yo comencé viajando a pie cargando mis bolsos con mercaderías. Ahora, como ve tengo ese gran carro, un sirviente que me ayuda, tengo una hermosa casa.
El comerciante
observaba con impaciencia al pastor que apenas se interesaba en escucharlo sin
dejar de mirar sus ovejas. Pero como buen comerciante no soltó su presa.
- - Piense que, con un rebaño mayor, usted podría tener más comodidades, por ejemplo, no tener que cuidad sus ovejas los días fríos ni los lluviosos, podría en algún momento tener un establo, tener un sirviente que haga su trabajo.
- - No veo adonde quiere llegar usted.
- - Joven pastor, usted con un poco de esfuerzo puede llegar con el tiempo a tener varios rebaños, incluso varios ayudantes que cuiden sus distintos rebaños, tener una casa cómoda y vivir fácilmente.
- - Señor comerciante, es usted que no ve…
- - ¿Cómo dice?
- - Yo ya vivo cómodamente así, con mi pequeño rebaño.
4 - El viejo templo
Amir ya era un
anciano monje, había sido un adolescente cuando había ingresado al viejo
templo, luego de muchos años había alcanzado la posición de guía espiritual de
ese venerado templo.
Por otro lado, en
los últimos diez años el templo había incorporado cada año uno o dos nuevos
monjes y por ello ya mostraba la necesidad de ampliar el viejo templo o buscar
un nuevo lugar para algunos de sus monjes.
Luego de varias
reuniones de ancianos, las ideas de reformas y ampliaciones del viejo templo no
fueron aceptadas y entonces nació el proyecto de un nuevo templo.
El consejo de
ancianos, envió a muchos monjes a recaudar fondos para la construcción y
también voluntarios para la obra.
Algunas semanas
más tarde se encontró el lugar más adecuado para el nuevo edificio. Entonces el
gobernador del ese distrito que era un sincero adepto al templo contrató un
arquitecto para dirigir la construcción del nuevo templo.
Apenas las obras
comenzaron, comenzó el rumor de quienes podrían ser los monjes asignados al
nuevo templo y también las especulaciones que quién sería el monje director.
Con el paso de
los días Amir comenzó a observar e incluso escuchar todo tipo de comentarios,
acerca de los más meritorios monjes para el puesto, y también quienes podrían
integrar el nuevo consejo, pero poco después también comenzaron a llegar a sus
oídos críticas de unos a otros Todas esas críticas y juicio eran, lo que para
su sabiduría una desleal competencia para desprestigiar a posibles candidatos.
Aquella
tradicional paz del templo se había perdido, incluso a muchos veteranos monjes que
habían vivido dedicados a sus plegarias y rituales se los veía molestos,
algunos de ellos se encerraron en sus celdas para estar tranquilos y otros se
sumaron a las acusaciones. Poco a poco las plegarias dejaron lugar a las continuas
conversaciones y comentarios, y peor aún, el inicio de discusiones entre ellos.
Amir angustiado
buscó a Perin y Ceretsin, dos ancianos monjes que se habían recluido en sus
habitaciones para poder estar en paz. Una vez los tres ancianos reunidos en una
de sus pequeñas celdas aisladas, Amir les habló de su dolor.
- - Queridos viejos amigos, estoy seguro que ambos sufren al igual que yo, la ambición antes oculta de algunos monjes aquí ha transformado este viejo templo en un lugar asfixiante.
Perin, asintió
apenas su cabeza y comentó.
- - Son tiempos difíciles, pero ya estoy muy viejo para buscar otro lugar amigo Amir.
- - Qué harás Amir? Debes tener una salida… ¿no?
- - Bueno estoy tan desesperado como ustedes, he meditado mucho, sólo se me ocurre un camino, les ruego que ustedes me den su opinión.
Amir, aspiró
hondo, sus dos ancianos amigos esperaron.
- - Eemmm, no es fácil tenemos por un lado aquellos hermanos que son ambiciosos, después aquellos que han sido ofendidos por otros y sólo buscan equivocadamente defenderse, lamentablemente agrediendo a sus agresores… y por último y ojalá sean más de los que parece, los que desean con todas sus fuerzas que este templo vuelva a su paz.
- - En fin, se me ocurrió esto… con la excusa de que todos muestren sus mejores habilidades proponer que todos los puestos existentes en este templo roten, cada semana durante doce semanas todos rotaremos de posición. En cada semana el nuevo consejo deberá elegir un director diferente. Una vez que eso termine reuniremos al consejo y evaluaremos.
Perin y Ceretsin
tomaron su tiempo para comentar, Perin habló primero.
- - Querido Amir, dices rotar ¿todos los puestos? ¿Y cómo se decidirá la rotación?
- - Haremos un sorteo.
- - Pero… ¿Qué pasará si el consejo provisorio toma alguna decisión inadecuada? ¿Qué pasará si el líder provisorio del templo toma alguna medida… Eemmm...
- - No te preocupes por eso, ninguna decisión que se tome será irreversible, pues tienen tan sólo pocos días para sostener sus acciones y los siguientes podrán corregir lo hecho, incluso proponer nuevos cambios… en último caso al terminar todas las rotaciones el consejo actual podrá volver las cosas a su justo lugar.
- - ¿Qué esperas obtener con estas rotaciones? Dijo Ceretsin
- - Que aquellos monjes más ambiciosos al tener la oportunidad, muestren sus oscuras intenciones.
Los tres ancianos
quedaron en silencio por muchas respiraciones, después, Ceretsin agregó
- - Puede suceder que en el sorteo que se haga, aquellos que más nos preocupan no ocupen un puesto que les dé oportunidad de actuar como esperas.
- - Eso no sucederá, pues lamentablemente es necesario asegurarnos que todos ellos si los ocupen, por lo tanto, ustedes dos serán los únicos que no rotarán, serán quienes estarán a cargo del sorteo de rotación y deberán asegurarse que los monjes adecuados vayan ocupando los puestos más convenientes. Incluso que yo mismo ocupe siempre puestos inferiores.
Las semanas
fueron pasando, los elegidos en cada una de ellas marcaron grupos enfrentados,
a sus líderes y también felizmente otros que se mantuvieron mesurados.
Cuando se volvió a
realizar la reunión del consejo verdadero, Amir dejó por un largo rato que
muchos hablaran y expresaran todo lo que deseaban. Hasta que luego de más de una
hora de espera hizo sonar su campanita, y poco a poco volvió el esperado
silencio.
- - Queridos hermanos, lamento muchos que estos últimos meses han sido tan sufridos.
- - Según he observado, puedo dividir toda nuestra comunidad en aquellos hermanos que sólo desean estar en paz en su antiguo puesto, esa ocupación en la que a su vez les permite continuar su búsqueda personal de su luz interior. Y por lo tanto aspiran ansiosamente que este templo vuelva a tener la paz que antes contaba.
- - Otros hermanos, han mostrado interés en un cambio, pero no están muy seguros hoy día si dejar o no este viejo templo.
- - Y finalmente un grupo de hermanos que desean ansiosamente tomar la responsabilidad de un puesto donde impulsar un templo con corrientes nuevas.
Amir hizo una
pausa, y siguió.
- - Bien, según esto me parece que lo más adecuado es que todos aquellos hermanos que tanto han hablado de cambios y deseos de nuevas orientaciones vayan al nuevo templo… y una vez allá ellos mismo decidan quienes conformarán el nuevo consejo y su líder.
Esa nueva pausa
abrió la oportunidad de muchos rumores, pero antes que los ánimos se exaltaran
otra vez, hizo sonar su campanita varias veces.
- - He escrito aquí dos listas, en esta primera aquellos hermanos que parecen no estar seguros si ir al nuevo templo o quedarse aquí. Así que tendrán una semana para decidir.
- - En esta segunda lista, los hermanos que considero deberían trasladarse al nuevo templo, de estos últimos pido a este consejo que vote por cada uno así mañana mismo puedan comenzar a organizar su traslado.
Una semana
después todos aquellos monjes tan activos en las semanas anteriores partieron a
su nuevo destino. La paz volvió al viejo templo pronto.
El consejo del
viejo templo volvió a completar los puestos vacantes pidiendo colaboración a
los más antiguos monjes del templo.
Poco tiempo
después algunos monjes solicitaron volver, apenas un par de ellos fueron
aceptados nuevamente.
El nuevo templo
sufrió tiempos de rivalidades hasta que poco a poco llegó el equilibrio y a
partir de allí el rumbo de su prédica fue cambiando a su nuevo destino, lo que
separó definitivamente ambos templos, dando nacimiento a una nueva religión.
5 – La visita del Obispo
Tres monjes
vivían en una ermita en la ladera de una montaña. Un día el obispo que de esa
región decidió visitar ese lugar alejado, pues había sentido rumores que la
prédica de estos monjes ermitas era muy poco ortodoxa.
El obispo eligió
el momento adecuado para que coincidiera su llegada con la fecha de
peregrinación de los aldeanos a la ermita, donde tradicionalmente los monjes
del lugar realizaban una ceremonia y daban un sermón.
El obispo llegó
en su carreta adornadas con las banderas que lo identificaban como la gran
autoridad del templo, cinco sirvientes y guardias custodios lo acompañaban.
El alto monje
llegó justo antes que los ermitas comenzaran la ceremonia.
Cuando el obispo
descendió de la carreta los tres ermitas se acercaron corriendo para saludar al
obispo.
- - ¡Señor obispo, eminencia! Repetían los tres.
- - Alabado sea Dios, que nos trajo a su santidad, ahora sí nuestra celebración contará con sus sabias palabras y su bendita luz. Dijo uno de ellos.
El obispo levantó
su mano, y negando seriamente con su cabeza dijo
- - No, yo sólo vengo para presenciar vuestra ceremonia tan reconocida en todas estas tierras. Hagan cómo siempre.
Los ermitas
terminaron con los aprontes y comenzaron la ceremonia.
El obispo se
sentó sobre una silla que improvisada detrás de los tres monjes ermitas.
Cada uno dijo sus
palabras, hicieron sus oraciones que, todos los allegados repetían con
entusiasmo. Luego los monjes cantaron varios salmos.
Después se hizo
una pausa y muchas personas fueron pasando al altar improvisado y cada uno de
los tres monjes daban sus bendiciones, pasando sus manos sobre ellos al tiempo
que rezaban y pedían a Dios que los aliviara de sus dolores.
Cuando todos
ellos volvieron a sus lugares los monjes volvieron a cantar y todo el mundo
cantó.
Apenas la gente
se alejó el obispo estalló en su enojo, reprochando a los ermitas por sus
muchas fallas.
- - ¡Ustedes han olvidado la prédica de nuestra iglesia!
- - ¡¿Qué idea es esa de esos cantos?! ¿Acaso vuestras ceremonias religiosas son ahora un festival de canto?
- - ¡Han modificado las plegarias! Les dejaré libros para que vuelvan a estudiarlas y hasta que no lo hayan hecho a conciencia no podrán celebrar otras ceremonias.
- - ¿Qué cosa es eso de las bendiciones a las personas y esas pretensiones de ser sanadores de ellos? ¡Qué blasfemia! ¡Dios es quien sana!
El obispo hizo
una pausa, respiró varias veces, buscando calmarse. Cerró por un momento sus
ojos mientras recordaba que antes de ir hacia allí no había logrado convencer a
ningún otro monje para venir a esa ermita, todos dijeron que si eran obligados
renunciarían a su posición de monjes. por lo que si retiraba a esos monjes la
ermita quedaría vacía.
Un tiempo después
abrió los ojos y vio a los tres monjes postrados de rodillas en silencio frente
a él. Luego de un silencio, ellos dijeron al mismo tiempo.
- - Perdónenos eminencia, somos unos pobres monjes ignorantes, le rogamos que nos dé la oportunidad de corregir nuestra ignorancia con esos libros, nos retiraremos a la ermita y no saldremos de ella hasta que hayamos aprendido nuevamente las verdaderas palabras de Dios.
La humildad que
expresaban los monjes desesperaba aún más al obispo que con sus puños apretados
contestó
- - Si… sólo por el amor a Dios…
Los monjes se
postraron frente a él en agradecimiento. Desconfiado de la sinceridad de esos
monjes y más enojado aún el obispo dijo.
- - Si no fuera porque toda esta gente esté tan apegada a ustedes los retiraría hoy mismo de esta ermita y traería a otros monjes.
De pronto el
obispo tropezó y cayó del altar golpeándose en la roca del suelo, rodó,
hiriéndose varias veces hasta quedar inconsciente.
Los guardias y
sirvientes que le acompañaban corrieron para asistirlo, pero no habían llegado
al lado del obispo cuando ya los ermitas habían levantado al obispo y lo
llevaban al interior de la ermita. Poco después y sin prestar atención a los
otros hombres, lo recostaron en uno de los lechos y comenzaron a cuidarlo.
Tres días
pasaron, cuando el obispo despertó encontró a los ermitas a su lado rezando, a
su manera por su recuperación.
Luego que bebiera
un té caliente que ellos le dieron, lo ayudaron a incorporarse un poco,
entonces el obispo miró alrededor, estaba reclinado sobre varios paños viejos,
ningún otro tejido, ni colchón, ni otra comodidad había allí.
El obispo respiró
varias veces, entonces preguntó en un suave murmullo.
- - ¿Dónde duermen ustedes?
- - Aquí mismo a su lado eminencia.
- - ¿Pero dónde? No veo ningún lecho.
- - Aquí sobre la piedra eminencia, hemos colocado nuestros mantos debajo de usted para que se sienta más cómodo.
- - Si eminencia, pero no se mueva mucho, sus heridas fueron serias, lo hemos asistido lo mejor que hemos podido.
- - ¿Y mis guardias? ¿Y mis asistentes?
- - Ah, están afuera esperando que usted se reponga eminencia. ¿Desea que llame a uno de ellos?
- - Si, que venga el guardia jefe.
Uno de los
ermitas salió y poco después entró el guardia nervioso.
- - Obispo, ¡gracias a Dios que se ha recuperado!
- - Bueno fue sólo una caída…
- - Eemm, obispo ninguno de nosotros pensó que usted se salvaría…
- - ¿Cómo?
- - Eemm, si, ese golpe en la cabeza… las heridas en su cuerpo…
Recién en ese
momento el obispo subió su mano a su cabeza, donde tenía un vendaje, luego miró
su cuerpo, entonces notó sus otros vendajes. Sorprendido no supo que decir.
- - Señor, eminencia, usted de desmayó y no nos dio tiempo a evitar su caída del altar, fue un golpe serio, pero hemos rezado sin parar por vuestra salud, gracias a la Luz de Dios, usted eminencia se ha recuperado.
El obispo tocó
suavemente su vendaje en su cabeza varias veces, de pronto su mano tembló. No
pudo evitar pensar que había estado en la cercanía de la muerte. De pronto
aquellos pobres monjes casi ignorantes se habían transformado en sus
salvadores.
También notó que
el guardia jefe permanecía por detrás de los monjes y más lejos aún con
humildad esperaban en el umbral de la puerta los otros guardias y sirvientes.
- - Eminencia, queremos pedirle una vez más vuestro perdón, pero no hemos podido estudiar los libros que nos entregó, hemos dedicado todas nuestras horas a cuidarlo, pero apenas usted esté mejor dedicaremos nuestro máximo esfuerzo al estudio de esos sagrados libros.
- - Por ahora, sólo deseo otra taza de té, estoy con sed.
Poco después el
obispo volvió a dormir.
A la mañana
siguiente los ermitaños lo ayudaron a sentarse en el único taburete que
disponía la ermita, unos minutos después le sirvieron un tazón de avena con
leche recién preparada.
Otros tres días
pasaron con un obispo casi mudo, tan sólo observaba a los monjes sin poder
evitar maravillarse de la bondad de ellos. Los monjes no descuidaban al obispo
en ningún momento, sus sirvientes y guardias colaboraban felices.
Dos días más
pasaron hasta que el obispo se sintió fuerte como para poder emprender su viaje
de retorno.
Cuando con la
ayuda de sus asistentes estuvo sentado en su carreta, miró a uno de sus
guardias y dijo.
- - Usted, recoja los libros que le entregaron a estos monjes.
El guardia
titubeó, entonces uno de los ermitaños dijo.
- - ¿Pero qué haremos entonces eminencia?
- - Sigan su santo camino hacia la luz. Dios ya los ha bendecido, ha sido un regalo para mi haberlos conocido. Gracias